Zé,  el demógrafo – mi tributo a José Alberto Magno de Carvalho

La directiva de ALAP me invitó a escribir unas líneas sobre José Alberto, porque dentro del círculo “senior”, yo tuve la oportunidad de cultivar, por más tiempo, una gran y duradera amistad con él. Es verdad; fuimos amigos y colegas por décadas, tanto que nos dábamos el lujo de compararnos para saber quién trabajó más en los censos del 70, si él en Brasil o  yo en Perú.

La directiva me pidió comentar sobre las contribuciones de , como era llamado por todos; alumnos, colegas, funcionarios y “altas autoridades”. En Brasil –y más aún, en Belo Horizonte– las formalidades suelen ser menos verticales. ¿A cuántos estudiantes de los demás países latinoamericanos que pasaron por el Cedeplar, les costó ver en José Alberto una persona totalmente accesible, dispuesta a ayudar, a enseñar, a aprender? ¡Y a ser llamado ...!

Y es, justamente, esta característica, que, junto con su sabiduría, quiero resaltar primero. Por supuesto que ya las conocía, pero confieso que reconocí, ahora, a plenitud, su disposición perenne de educador y comunicador siempre afectuoso y receptivo. Después de ver tantos y tantos alumnos recordando, antes que los cargos y representaciones que tuvo, justamente esa disponibilidad, ese afán por dialogar con todos, de recibirlos siempre con los brazos abiertos, con total desprendimiento. Ese era .

Hoy que ya no está más, pienso que su grandeza fue la simplicidad campechana que mantuvo hasta el fin de sus días.

Comencé a compartir trabajos e investigaciones con José Alberto cuando comprendió la magnitud de los cambios inexorables que vendrían a raíz de la disminución de la fecundidad. Dividimos, discrepamos, discutimos, concluimos por años, sobre esto. Siempre me causó asombro su capacidad de descubrir, en una masa de números, un acontecimiento demográfico, tal como un artista ve una pintura en un lienzo virgen. Aprendí con él, la seguridad de nunca estar segura.

Dejando de lado su papel, sin duda, importante en la demografía internacional (dejo esto para los “académicos”), pienso que entre sus mejores contribuciones está la de haber luchado por una asociación científica sólida en Brasil. La ABEP, que ayudó a fundar, se benefició mucho, no dudo, de la alerta constante y del compromiso institucional que él y los colegas, que lo acompañaron en esa época, siempre mantuvieron. Un corolario de la existencia de ABEP, fue la creación de ALAP, en el pueblito nostálgico de Caxambú en el 2004, lo que la motiva a crecer al lado de nuestras otras asociaciones hermanas. Junto con su papel en la ABEP, la demografía brasileña le debe la creación y consolidación de un Programa de posgrado que, hoy, con 35 años, disfruta de reconocimiento internacional y ya formó centenas de demógrafos; un buen número desempeñándose, responsablemente, mundo afuera, en el continente africano, y también, claro, en América Latina. Le haría una injusticia si no menciono que tuvo la compañía de otros buenos e igualmente comprometidos colegas en esta tarea; José Alberto siempre insistió en ser institucional.

Quiero destacar, para terminar, la función de educador y pedagogo de José Alberto, que más que función, era parte de su esencia humana. Desde que se enamoró de la Demografía, vivía para trasmitirla como si fuera una poesía. “¡¿No es bonito esto?!” les preguntaba, en tono desafiante, a sus alumnos cuando terminaba de explicar las ecuaciones de Lotka, los efectos indirectos de la migración o la asincronía entre la fecundidad y la natalidad; convencido, él mismo, de que sí, era bonito... sin usar, nunca, ¡una sola fórmula!

Descansa en paz querido .  Los jóvenes que formaste, han de seguir tu ejemplo.

 

Laura L. Rodríguez Wong – Demógrafa, investigadora de Cedeplar, ex-presidente de ALAP.

Belo Horizonte, octubre, 2020.