Tema
Central del Congreso
LA
POBLACIÓN DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
RETOS EN TORNO A LA DESIGUALDAD Y LA DIVERSIDAD
La
Asociación Latinoamericana de Población convoca
a sus miembros asociados, así como a investigadores,
servidores y funcionarios públicos, estudiantes, miembros
de organizaciones civiles e internacionales y, en general, a
todos los interesados en el estudio de la población,
a participar en su III Congreso, cuyo lema será La
población de América Latina y el Caribe: Retos
en torno a la desigualdad y la diversidad, que se tiene
planeado realizar en la ciudad de Córdoba, Argentina,
entre el 24 al 26 de septiembre de 2008.
Como en anteriores ocasiones, esta es una oportunidad para debatir,
intercambiar y formar opiniones críticas en torno a la
situación de la población en los países
de América Latina, aprovechando el enorme acervo de conocimiento
con que la ALAP cuenta entre sus asociados. La convocatoria
de este III Congreso versará sobre la temática
general de la desigualdad y la diversidad en la población.
¿Porqué reconocer la trascendencia de estos retos
para la investigación y las políticas públicas?
Durante la segunda mitad del siglo XX América Latina
experimentó cambios demográficos extraordinarios,
decisivos para las sociedades y muy posiblemente irreversibles.
Los vaivenes en el crecimiento de la población y su descenso
final fueron resultado de la disminución veloz de la
mortalidad y, en especial, de la rápida declinación
de la fecundidad. Desde cierto punto de vista, tomando en cuenta
el logro que representa haber disminuido la mortalidad y haber
aumentado la esperanza de vida, se trata de fenómenos
altamente valorables y que han contribuido al bienestar de la
población. El descenso pronunciado de la fecundidad y
sus consecuencias, en cambio, no admite lecturas simples y resulta
menos beneficioso si no es visto como un hecho resultante del
ejercicio de derechos. A la vez, los cambios en las estructuras
por edades han determinando nuevas demandas por parte de la
población y han impuesto enormes retos a la investigación,
así como introducen nuevos enfoques centrados en los
derechos, el género, la diversidad étnica y generacional.
Lo que queda como balance de la segunda mitad del siglo XX es
la rapidísima transición demográfica, a
menudo ocurrida en condiciones de asincronía con el desarrollo
económico y las respuestas institucionales. Queremos
destacar que la problemática demográfica en ningún
caso se ha agotado, sino que adquiere nuevas facetas, cada vez
más complejas, relacionadas con el legado manifiesto
de las grandes desigualdades que aún se registran en
el plano de los comportamientos demográficos, con el
ejercicio incompleto de derechos entre vastas capas de la población,
con el envejecimiento de la población en condiciones
de abierta desprotección social, con una urbanización
precaria y con la intensa dinámica emigratoria hacia
el exterior de la región. Estos son, entre algunos ejemplos,
signos de lo que puede llamarse el reto de la desigualdad y
la diversidad en materia de la población en América
Latina.
Sin dudas, la situación esbozada obedece a los factores
estructurales y deficiencias crónicas de los procesos
de desarrollo. A ellos se agregaron los efectos propios del
neoliberalismo, particularmente en lo que se refiere al regresivo
papel del Estado en materia social, el deterioro de las condiciones
de vida de la mayoría de la población y la falta
de políticas sociales adecuadas y oportunas para hacer
frente a dichas situaciones, sin desconocer las iniciativas
existentes en muchos países para encarar la desigualdad
y la pobreza que el propio sistema se encarga de reproducir.
La mayoría de los países latinoamericanos registra
una relación errática e incluso inversa entre
crecimiento económico e incidencia de la pobreza. El
neoliberalismo vigente ha promovido el desempleo, el deterioro
de la calidad del trabajo, la profundización de la desigual
distribución del ingreso y, consecuentemente, el empeoramiento
de los niveles de vida de la población.
El desarrollo de la demografía como disciplina y de la
población como objeto de estudio durante el siglo XXI
estarán marcados por múltiples problemáticas
derivadas de la conjunción entre dichas tendencias demográficas,
y aquellas transformaciones económicas y procesos sociales
y políticos en curso.
Los cambios demográficos, en particular la drástica
caída de la fecundidad iniciada a mediados de la década
de 1970, determinaron escenarios novedosos. Paradójicamente,
durante el mismo periodo en que el crecimiento de la población
cayó sustancialmente, se incrementaron los segmentos
de la población privados de los recursos básicos
para asegurar una existencia digna. En tal contexto, ni las
políticas y programas de población, ni el crecimiento
económico por sí mismos resultaron suficientes
para contener las tendencias de desigualdad social y pobreza.
Las paradojas del deterioro de las condiciones de vida en las
circunstancias de estabilidad y crecimiento de las economías
conducen a repensar la disminución de la fecundidad.
El impacto de su descenso sobre el tamaño de la familia
tiene consecuencias colaterales y adicionales, en especial en
lo que toca a las redes de solidaridad y apoyo generadas en
los entornos domésticos. En el mismo sentido, las circunstancias
que dan lugar al llamado “bono demográfico”,
al contrario de lo que con simplismo se ha afirmado, plantean
una oportunidad casi perdida debido a la exclusión sin
límites que hoy se verifica en los mercados laborales.
Las implicaciones de los cambios demográficos sobre el
bienestar de la población se han expresado en los mercados
de trabajo, en las condiciones de salud y en la situación
familiar, dimensiones que resumen algunos de los más
importantes mecanismos a través de los cuales se reproduce
la desigualdad social y se intensifica un panorama de complejas
heterogeneidades demográficas que quedan bien expresadas
en la idea de diversidad. Así por ejemplo, los cambios
en la estructura por edades de la población tienen consecuencias
económicas y sociales diversas: en el mediano y largo
plazo afectan la proporción de la población activa
y la relación de dependencia económica, modifican
el perfil de demanda en los sistemas educativos, amplían
las necesidades de viviendas y, particularmente, plantean nuevas
exigencias a los sistemas de salud y seguridad y previsión
social. Los efectos del cambio en la estructura por edad y el
consecuente envejecimiento demográfico son múltiples.
Las familias, en términos de sus estructuras, se han
hecho más pequeñas, pero más complejas.
La propia dinámica demográfica tiene efectos contrapuestos
sobre las personas, hogares y familias. El descenso de la fecundidad,
en particular, al incidir sobre la composición de la
familia y los tiempos reproductivos podría contribuir
favorablemente a la economía de los hogares bajo condiciones
propicias de empleabilidad, pero, a la vez, el impacto sobre
el tamaño de las unidades domésticas podría
implicar el debilitamiento de las redes de solidaridad, en contextos
de fuerte desprotección social donde los apoyos familiares
operan como importantes estrategias de vida.
La globalización y los procesos de apertura e integración
económica han traído indiscutiblemente nuevas
formas de precariedad laboral y pobreza articuladas con las
estrategias de acumulación y competencia económica.
La globalización ha relegado al Estado de su función
de protección social, creando indefensión y vulnerabilidad
en la población y legitimando la búsqueda de oportunidades
a través de la migración interna o internacional.
En la región se asiste a un incremento sin precedentes
de la emigración hacia el exterior, a la vez que las
remesas de los migrantes representan recursos decisivos para
muchos hogares y economías, planteando la inaceptable
premisa del supuesto papel que les cabría a los migrantes
en el desarrollo de sus países a través de estos
recursos.
Es por todo eso que en este marco, los vínculos entre
la población y el desarrollo adquieren nuevas especificidades
merecen ser discutidos, revisados y analizados críticamente.
Es preciso partir por reconocer que la pobreza es persistente
y que la desigualdad social es creciente. El incremento de la
desigualdad social ha acentuado las condiciones de diversidad
demográfica de la población, creando grupos más
vulnerables ante desventajas sociales. Ya no se trata de una
diversidad individual anclada en la inserción social
y laboral, sino que se extiende a las comunidades, territorios,
ciudades, familias y hogares, involucrando expresiones de género,
generacionales y étnicas, lo que configura un complejo
y desafiante mapa demográfico del siglo XXI.
En este contexto, el III Congreso de la Asociación Latinoamericana
de Población, La población de América Latina
y el Caribe. Retos en torno a la desigualdad y la diversidad,
intentará responder al objetivo de proveer un espacio
para la discusión y reflexión en torno a la población,
a través de la presentación de los hallazgos y
avances de investigación sobre diversas temáticas
que se están realizando en América Latina y el
Caribe. La ALAP persigue, de este modo, promover la auténtica
reflexión crítica entre especialistas e interesados
en la problemática social y demográfica actual
y acerca de los escenarios futuros y la definición de
políticas sociales necesarias para encarar los retos
de la desigualdad y la diversidad.